La desaparición del socialismo. Sí se puede. Pedro Sánchez y el declive socialista.

La desaparición del socialismo. Sí se puede

¿Es el socialismo una ideología que daña a las sociedades donde se implanta? Eso parece pensar las mayoría de votantes europeos que desde hace décadas le retiran su apoyo de forma progresiva. Hay quién apunta que esa es una de las causas por las que el Gobierno de España impulsa la llegada masiva de inmigrantes africanos e islámicos, los ven como una bolsa de votos cautiva que les garantiza un mínimo suelo electoral.

Los análisis que hago habitualmente respecto a la influencia de Google en los resultados electorales también confirman esta tendencia a la bajada constante del interés de los votantes en los partidos de izquierdas.

El ocaso socialista

En las últimas décadas los partidos socialistas (o socialdemócratas) europeos han perdido votantes de forma sostenida. Este fenómeno es especialmente claro al comparar los datos electorales históricos: antiguamente hegemónicos (con porcentajes de voto cercanos o superiores al 40%) hoy apenas alcanzan resultados marginales en muchos países. Varios analistas coinciden en que esta tendencia refleja un creciente rechazo ciudadano a las políticas asociadas al intervencionismo estatal – altos impuestos y gasto público – así como al clientelismo político y la rigidez económica que suelen acusarse a la socialdemocracia. Por ejemplo, los países con tradición socialista están entre los que presentan deudas públicas más elevadas: Grecia (154% del PIB), Italia (135%), Francia (113%) y España (102%) superan ampliamente el umbral del 100%[1]. Este costo fiscal, junto a casos documentados de corrupción y clientelismo, ha erosionado la confianza en esa ideología.

Casos ejemplares de declive

Estos son los casos más relevantes de partidos socialistas de renombre que han caído en la insignificancia o han desparecido.

  • Grecia (PASOK): El Panhelénico Socialista (PASOK) fue el partido dominante desde 1981, cuando obtuvo el 48,1% de los votos, repitiendo fuertes mayorías en los 80 y 90. Sin embargo, tras la crisis financiera su apoyo se desplomó. En 2012 el PASOK apenas superó el 12% y en las elecciones siguientes quedó en torno al 4–7%[2][3]. El efecto fue tan brutal que el partido debió fusionarse en nuevas siglas (formando el bloque KINAL). En sólo una década pasó de gobernar Grecia a quedar reducido a un actor menor.
  • Italia (PSI): El Partito Socialista Italiano fue clave en la posguerra y llegó al poder con Bettino Craxi en la década de 1980. Pero en 1992 estalló el caso “Mani pulite” de corrupción política, que arrastró a la cúpula socialista. En 1994 el PSI prácticamente desapareció y fue disuelto[4]. Sus restos quedaron reducidos a pequeñas formaciones satélite; hoy ningún partido heredero logra apenas el 1–2% de voto. Es un ejemplo extremo de cómo una crisis clientelar y legal acabó con un partido centenario.
  • Francia (PSF – Partido Socialista Francés): Otro caso paradigmático. El PSF gobernó con François Mitterrand (1981-1995) y François Hollande (2012-2017). En las presidenciales de 2012 Hollande logró el 28,6% en primera vuelta. Pero desde entonces el partido se hundió: en 2017 la candidata Hamon apenas obtuvo el 6,36%, y en 2022 la alcaldesa Hidalgo (PSF) sólo el 1,7%[5]. En conjunto la izquierda tradicional (PS+conservadores) pasó del ~56% en 2012 (Sarkozy+Hollande) al ~6,4% en 2022[6]. Este desplome histórico lo ilustra el hecho de que Hidalgo obtuvo apenas el 2% de los votos, la peor marca jamás registrada para el PS[5]. En Francia se evidenció el hundimiento: en la primera vuelta presidencial de 2022 el candidato socialista sumó apenas el 2%[5]. La imagen muestra a la conservadora Pécresse emitiendo su voto en esas elecciones, donde el PS cayó dramáticamente.
  • Alemania (SPD): El Partido Socialdemócrata Alemán fue pilar del sistema político (gobernó en 1969–82 y 1998–2005). En 1998 Gerhard Schröder ganó el 40,9% del voto[7]. Pero esa centroderecha continuó su descenso: en 2002 perdió algo de apoyo (38,5%), y tras ingresar en varias grandes coaliciones con la CDU fue castigado en las urnas. En 2017 obtuvo sólo el 20,5%[7], su peor resultado desde la posguerra. En sólo dos décadas el voto SPD se ha casi duplicado. Según analistas, una parte de esta pérdida se debe a que gobernar les resultó “caro”: bajo Schröder aplicaron reformas laborales neoliberales y recortes de gasto que enfadaron a su base tradicional, perdiendo votantes hacia la extrema izquierda Die Linke[8]. Esto generó una imagen de “rigidez” económica que al final castigó al propio SPD.
  • Países Bajos (PvdA): El Partido Laborista neerlandés fue fuerte a mediados del siglo XX (por ejemplo obtuvo 45,1% en 1998). Sin embargo, cayó abruptamente: en 2012 quedó en 24,8% y en 2017 sólo en 5,7%[9][10] (pasó de ser el segundo partido más grande a una simple minoría de 9 de 150 escaños). Recuperó algo en 2019 (+19% en europeas), pero el partido sigue lejos de su antiguo poder.
  • España (PSOE): También en España el PSOE ha perdido terreno tras décadas de liderazgo. Aunque llegó a ganar cerca del 48% en 1982, hoy ronda el 28–30% en generales. Según el último barómetro de EL PAÍS, la estimación del PSOE está ya por debajo del 30%[11]. Esta situación se refleja en encuestas autonómicas: por ejemplo, en elecciones de Extremadura (2019) el PSOE ya cayó al 28 de 65 escaños; para las nuevas elecciones (2025) los sondeos le dan sólo 16–18 escaños, perdiendo más de un tercio[12].

¿Por qué este giro ideológico?

La debacle de los partidos socialistas se interpreta como un rechazo ciudadano a su modelo económico e institucional. Muchos los asocian a un “estatismo” que encarece la economía: altos impuestos, burocracia pesada y gasto público desbocado. De hecho, países con gobiernos socialistas históricos (Grecia, Italia, Francia, España) acumulan deudas muy elevadas[1].

Además, está el problema del clientelismo: amplias redes de adjudicación política de empleo público o subsidios que son percibidas como nepotismo. Aunque difícilmente cuantificable, el malestar por la corrupción política en varios países (Grecia, Italia, España) ha alimentado el descrédito. Todo ello se suma a una sensación de “estancamiento económico”: al no ofrecer soluciones claras al crecimiento, la socialdemocracia ha perdido votantes (incluso hacia la izquierda radical o la derecha populista).

Como señala el analista Björn Bremer, desde 2005 casi todos los partidos socialdemócratas europeos han sufrido castigos electorales tras gobernar[7]. Gobernar se volvió “castigo” electoral, y hoy la tendencia general es que los votantes eviten castigar a la derecha o la extrema derecha por miedo a la crisis económica, en lugar de mantener a la izquierda tradicional.

En resumen, la “crisis de la socialdemocracia” es profunda y multifactorial[7]. Tras décadas de liderar gobiernos e implementar amplias políticas públicas, estos partidos han agotado su narrativa tradicional. El resultado es un giro electoral: según estudios recientes, en toda Europa el voto tradicional de izquierda ha migrado hacia nuevas formaciones o hacia opciones populistas (y las encuestas de 2025 en España apuntan también a ese fenómeno[11][12]).

El PSOE de Pedro Sánchez, ¿siguiendo el mismo rumbo?

Los ejemplos anteriores invitan a preguntarse si el PSOE español podría repetir esa trayectoria. Bajo Pedro Sánchez, el PSOE ha ampliado el Estado de bienestar, pero también ha enfrentado escándalos de sus aliados (como los casos de corrupción en Andalucía) y tensiones económicas. Las últimas encuestas indican que el PSOE se sitúa en torno al 29%[11], lejos de las cifras de las grandes mayorías pasadas. En las elecciones regionales de Extremadura (2025), convocadas anticipadamente, los sondeos pronostican un hundimiento histórico: pasarían de 28 a unos 16–18 escaños[12]. Esto da pistas sobre el descontento en uno de sus feudos más antiguos. En la misma línea, estudios académicos advierten que los partidos socialistas gobernantes tienen difícil remontar sin renovar su propuesta ideológica y retomar la conexión con las clases trabajadoras[8].

De hecho, la figura de Pedro Sánchez ya me inspiró un artículo titulado Anibal Sánchez, en el cual equipara su figura a la del legendario general púnico, Anibal Barca. Mi reflexión era que le podía pasar algo parecido, encadenar muchas victorias pero al final acabar con la desaparición de Cartago, en este caso el PSOE.

En definitiva, la sensación generalizada es que el PSOE podría seguir un camino similar al de sus pares europeos: si no reacciona ante la erosión de su base, enfrentará más caídas electorales. Al igual que sus homólogos históricos (PASOK, PSF, SPD, etc.), hoy se pregunta si sus políticas de gasto y regulación –y los problemas asociados– generan cada vez mayor rechazo. En palabras de un veterano analista europeo: la decadencia electoral de la socialdemocracia no es un fenómeno aislado, sino una tendencia continental[7][5]. Si la dinámica continúa, el PSOE podría encontrarse con que los votantes castiguen su pasado reciente tal como ya ha ocurrido en otros estados.

Referencias

Fuentes y referencias utilizadas en este artículo generado con ayuda de Inteligencia Artificial (ChatGPT).

  • [1] Government finance statistics – Statistics Explained – Eurostat.
  • [2] [3] PASOK – Wikipedia.
  • [4] Italian Socialist Party – Wikipedia.
  • [5] Los partidos tradicionales agudizan su debacle en Francia – SWI swissinfo.ch.
  • [6] Cómo mueren los grandes partidos: el hundimiento de socialistas y conservadores en Francia | Internacional | EL PAÍS.
  • [7] [8] The crisis of the SPD: Where now for Germany’s social democrats? – LSE European Politics.
  • [9] [10] Partido del Trabajo (Países Bajos) – Wikipedia, la enciclopedia libre.
  • [11] Barómetro de 40dB: La extrema derecha cosecha ya uno de cada seis apoyos | España | EL PAÍS.
  • [12] Sánchez lleva al desastre al PSOE en Extremadura según los sondeos: Guardiola, cerca de la mayoría absoluta.

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