Pedro Sánchez y la estrategia del reemplazo. Imagen de Pedro Sánchez e Irene Montero.

Pedro Sánchez y la estrategia del reemplazo: una hipótesis política que no debería ignorarse

El objetivo de este artículo es exponer una hipótesis política, en condicional y desde el análisis estratégico, a partir de un hecho concreto: las recientes declaraciones de Irene Montero en un mitin, en las que vinculó inmigración, regularización, nacionalización, voto y “reemplazo”. Mi tesis es que ese episodio no es aislado ni improvisado, sino que podría formar parte de una estrategia más amplia diseñada por Pedro Sánchez, compartida y aceptada por el conjunto de fuerzas que sostienen al actual Gobierno.

No se trata de afirmar hechos probados, sino de conectar patrones, incentivos y precedentes para entender hacia dónde podría dirigirse la política española en los próximos meses.

El punto de partida: las declaraciones de Irene Montero

En un mitin reciente, Irene Montero defendió abiertamente la regularización masiva de inmigrantes y vinculó ese proceso a la obtención de la nacionalidad y al derecho al voto. En ese contexto, utilizó de forma explícita el término “reemplazo”, resignificándolo como un reemplazo político e ideológico destinado a “barrer a la ultraderecha”.

Más allá de la polémica semántica, lo relevante no es la palabra en sí, sino el marco estratégico: la ampliación deliberada del cuerpo electoral como herramienta política. Este discurso, por su claridad y su carga simbólica, permite plantear una pregunta incómoda: ¿y si no fuera un exceso retórico, sino un globo sonda dentro de una estrategia mucho más ambiciosa?

Pedro Sánchez y el poder como objetivo central

La primera premisa de esta teoría es clara: Pedro Sánchez ha demostrado, a lo largo de su trayectoria, que su prioridad absoluta es mantenerse en el poder, incluso a costa de tensionar las instituciones, cambiar de posición política o apoyarse en aliados antes impensables. No es un juicio moral, sino una constatación empírica basada en su comportamiento político desde 2018.

Desde esta lógica, cualquier estrategia que maximice sus opciones de continuidad resulta plausible.

Un bloque de apoyos cómodo en el chantaje permanente

Las fuerzas que sostienen al Gobierno —Izquierda Unida, Sumar, Podemos, ERC y EH Bildu— se benefician enormemente del actual equilibrio parlamentario. Un PSOE sin mayoría suficiente es un PSOE rehén, obligado a ceder competencias, recursos y marcos ideológicos.

El status quo es ideal para todos ellos. No hay incentivos reales para cambiarlo.

Favorecer el crecimiento de VOX como pieza clave

Aquí entra una de las piezas más controvertidas de la hipótesis: favorecer indirectamente el crecimiento de VOX para que entre en gobiernos autonómicos clave como Extremadura, Aragón, Castilla y León o Andalucía, comunidades donde se celebrarán elecciones entre diciembre de 2025 y junio de 2026.

¿Por qué hacerlo? Porque VOX en el gobierno es, paradójicamente, más útil para la izquierda que VOX en la oposición.

Políticas de derechas y reacción en la calle

Una vez VOX participe en gobiernos autonómicos, comenzarán a aplicarse políticas reconocibles:

  • restricciones en materia migratoria,
  • retirada de subvenciones a sindicatos y asociaciones,
  • cuestionamiento de leyes de memoria histórica,
  • choque cultural explícito con la izquierda.

Estas medidas servirían como detonante perfecto para una respuesta organizada en la calle. No espontánea, sino dirigida, amplificada y sostenida.

La fabricación del conflicto social

Con el apoyo de sindicatos, asociaciones subvencionadas, colectivos activistas y medios afines, el Gobierno central podría maximizar incidentes puntuales, incluso violentos, y presentarlos como una “rebelión popular” contra la ultraderecha.

No sería algo nuevo. Estrategias similares ya se han visto en protestas internacionales o eventos deportivos, donde grupos reducidos y organizados se proyectan mediáticamente como si representaran a “toda España”.

El relato: VOX como generador de violencia

El siguiente paso sería el relato. Los disturbios no se presentarían como consecuencia de la radicalización de ciertos grupos, sino como resultado directo de la llegada de VOX al poder. VOX pasaría a ser sinónimo de caos, conflicto y violencia.

Incluso algunos medios próximos al Partido Popular podrían sumarse, dado que no es ningún secreto que al PP le convendría que VOX se debilitara o quedara marginado.

El desenlace: Pedro Sánchez como garante del orden

Finalmente, Pedro Sánchez aparecería como el único líder capaz de devolver la paz, la estabilidad y la convivencia, explotando el miedo a la ultraderecha de forma similar a lo ocurrido en julio de 2023. El “reemplazo” no solo sería demográfico o electoral, sino también emocional: miedo frente a seguridad, caos frente a orden.

Insisto: esta es una teoría en condicional, no una afirmación categórica. Pero en política, las estrategias no se anuncian; se intuyen por patrones. Y cuando una dirigente habla abiertamente de “reemplazo”, conviene preguntarse quién diseña el tablero y quién mueve las piezas.

Porque a veces, el mayor error no es creer en conspiraciones, sino negar estrategias que ya están a la vista.

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